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Las islas del tesoro

Llega Septiembre y con él la vuelta a casa para la mayoría de nosotros. Este año, mas que nunca, el regreso estará lleno de retos y la necesidad de remar con fuerza y mantener el entusiasmo y las pilas bien cargadas va a ser más importante que nunca. A veces para conectarnos con ese positivismo veraniego nos bastará con cocinar una receta del lugar en el que hemos estado, volver a escuchar una canción que nos gusta o simplemente disfrutar de un buen vino local que nos relaje y retrotraiga a esos momentos de alegría.

 

Por eso este mes vamos a dedicar nuestro blog a los vinos de las islas Canarias. Ese tesoro del que a veces solo nos acordamos cuando estamos allí para animarte a que los disfrutes también desde aquí!

 

Los vinos canarios están llenos de historía. Mucho antes del turismo fue precisamente el vino el verdadero tesoro de estas islas, su verdadera fuente de riqueza y, en tiempos tan difíciles para el turismo como los actuales es muy bueno recordarlo.

 

Las Islas Canarias fueron conquistadas por los Europeos durante en siglo XV. La lejanía y su orografía hicieron que la conquista durara casi un siglo, hasta terminar en Tenerife en 1.496. Fue entonces cuando los europeos nos trajeron la vid. La primera viña de Tenerife fue plantada por un portugués, Fernando de Castro, en el año 1.497, y fue un inglés (John Hill) quien plantó la primera viña en El Hierro en 1.526. Lanzarote y Fuerteventura fueron conquistadas casi un siglo antes por Juan de Bethencourt, y se cree que el origen del viñedo en estas islas sea francés.

 

El vino dulce de malvasía canario adquiere, durante el siglo siguiente a la conquista, un gran prestigio y comienza a ser exportado a Jerez, Madeira e Inglaterra. Es conocido como «Canary» y tal era su fama que hasta Shakespeare, R. Stevenson, Walter Scott o Lord Byron alabaron en sus libros estos vinos. Dada su estratégica situación entre tres continentes las islas tenían además gran facilidad para la exportación, gracias al tráfico de los puertos canarios, y convirtieron así la exportación de sus vinos en su principal fuente de riqueza.

 

En el siglo XVII la sustitución de los mercados ingleses del malvasía por el oporto y el madeira conducen a un declive del vino canario, caida que se sentencia en 1.706 cuando el volcán de Garachico entra en erupción, sepultando el puerto y dificultando las ya pocas exportaciones. La decadencia del mercado vinícola se recrudece en el XIX con el ataque a los viñedos del oídio y el mildio. A pesar de que Canarias nunca padeció la filoxera, el daño producido por estas enfermedades, junto con las dificultades comerciales, produjeron la casi total desaparición de este sector y el vino canario quedó relegado a la producción para el consumo local fundamentalmente.

 

En 1.985 se crea por fin la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo, y se abre así un nuevo periodo con el propósito de regular la producción y calidad de los vinos. En pocos años se crean Denominaciones de origen en casi todas las islas del archipiélago y comienza así el renacimiento del vino canario. Y no podía ser de otra manera porque la viña es un cultivo ideal y fundamental en estas tierras al adaptarse perfectamente a sus suelos, difícilmente adaptables a otro cultivos. Las cualidades de la vid son únicas: su resistencia ante la falta de agua en Lanzarote y Gran Canaria, así como su capacidad de enraizarse en los suelos de las otras islas, donde solo el viñedo parece capaz de agarrarse evitando así de paso su desertización. El origen volcánico de las islas, produce además suelos fértiles y muy variados según el período de su formación. Cada isla presenta así, dependiendo de su orientación y altitud, microclimas diferentes, todos influenciados por los vientos alisios y por la corriente fría de Canarias, que suavizan las temperaturas y aseguran la humedad. Esta gran diversidad de suelos y microclimas ha dado lugar a distintos y originales sistemas de cultivo en cada zona. Entre ellos destacan la lunar rareza de los cráteres de La Geria (Lanzarote), excavados en el suelo volcánico para sembrar y proteger las cepas, o el sistema de cordón trenzado del Valle de La Orotava (Tenerife), en el que los sarmientos forman verdaderas rastas que se trenzan a lo largo de varios metros.

Además la variada procedencia de los colonizadores ha originado una increíble riqueza varietal de hasta 21 variedades, impensable en cualquier otra zona vitivinícola del mundo. Y para mayor fortuna esta herencia se conserva intacta, por haber permanecido todo el archipiélago libre al ataque de la Filoxera. Prácticamente la totalidad del viñedo está plantado sin injertar, en pie bajo y sin marco de plantación y la mayoría de cepas tienen edades de más de 40 años. Dado lo accidentado del viñedo, las plantaciones además son minifundistas y de baja densidad de plantación.

Todas estas peculiaridades dan lugar a hasta 11 denominaciones de origen distintas en Canarias: Abona, El Hierro, Gran Canaria, La Gomera, La Palma, Lanzarote, Tacoronte Acentejo, Valle de Güimar, Valle de la Orotava, e Ycoden Daute Ysora. Denominaciones todas muy particulares que otorgan reconocimiento a unos vinos de calidad y personalidad única:

Deliciosos blancos elaborados con uvas de las variedades Listán Blanco, Burrablanca, Sabro, Albillo criollo, torrontés, moscatel, malvasía, etc. Aromáticos, y frescos, son vinos de enorme delicadeza en nariz, de aromas frutales con toques especiados y elegantes.

Chispeantes y originales rosados de Negramoll de gusto almendrado.

Tintos de carácter elaborados con Negramoll, Almuñeco, tintilla, Listán, Vijariego....etc. Vinos densos de matíces herbáceos, con buena estructura, largos y muy carnosos.

Vinos artesanales, como el vino de Tea, envejecido en barricas de tea (pino canario) lo que le otorga un intenso aroma a resina.

Y como no, los irrepetibles vinos dulces naturales elaborados con Sabro, Gual, Verdello pero sobre todo los elaborados con Malvasía. Por un lado está la uva de malvasía volcánica que solo crece en Lanzarote y por otro, la descendiente de la uva griega, la aromática, que predomina en los viñedos de La Palma y el norte de Tenerife. Los vinos dulces son vinos elaborados de forma natural, de color oro con una importante potencia aromática, una buena estructura y con un dulzor equilibrado por una viva acidez. Vinos ideales para postres.

Todos estos vinos constituyen sin duda un auténtico tesoro enológico del que podemos disfrutar y presumir.

Calius

Crater

Bermejo

Vega Nor

 

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