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Archivo por meses: junio 2015

  • Vermut: siempre es su hora.

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    El vermut nos lo pueden servir con o sin t. De hecho, vermú está perfectamente aceptado por la RAE. Sin embargo es una palabra que proviene del francés vermouto vermouth, y a su vez del término alemán wermut, que significa absenta o ajenjo. De hecho, se trata de un vino (blanco, tinto o rosado) que ha sido fortificado con alcohol vínico y aromatizado con ajenjo, hierbas aromáticas y una variedad de sustancias tónicas y amargas.

     

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    Actualmente, el vermut incluye más de 40 variedades de raíces , flores, frutas y especias, como clavo de Madagascar, frambuesa, pensamientos, canela de Ceilán, díctamo de Creta, raíz de lirio, limón, ajenjo o árbol cascarillo. Todas ellas se mezclan con alcohol en un recipiente que gira sobre sí mismo dos veces al día durante dos semanas, llamado tamburo. Después se añade azúcar, vino y se deja reposar en madera de 2 a 3 años. Suele llegar hasta los 14%vol y lo idóneo es que no llegue a ser excesivamente aromático, ni tan amargo que pierda su equilibrio propio. La clave está en la elegancia.
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    Distinguimos 3 tipos principales de vermut: seco, blanco y rojo. Cada uno cuenta con una hierba especial que le da ese toque personal que lo hace único. Por ejemplo, en el caso del vermut seco, es la manzanilla. En el vermut rojo, esta diferencia la proporciona la genciana, además del caramelo que actúa como edulcorante natural. El vermut blanco se suele vincular con Italia, mientras que el rojo se identifica más con Francia y tiene más graduación alcohólica.
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    De hecho, el vermut se vincula generalmente con Europa. De hecho fue inventado en Grecia por Hipócrates, el del famoso “Juramento Hipocrático”. Un médico y filósofo nacido en el 460 a.C. que, además de al juramento, dio nombre al vermut, que durante la Edad Media se llamó “vino hipocrático”
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    Hasta entonces al producción de vermut era artesanal, macerando el vino en flores de ajenjo y hojas de díctamo. Ya casi en el S. XIX, los nuevos avances posibilitaron su producción masiva, cuyos pioneros fueron los piamonteses, especialmente de la mano de Luigi y Giuseppe Cora.
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    Hoy en día, el vermut se produce en dos zonas especiales en Francia: Chambery, muy popular por sus vermuts secos y Lyon, donde se produce en célebre Noilly Prat. En Italia destaca Turín con dos iconos: Martini y Cinzano, además de Milán, con Carpano. En cualquier de estas ciudades es fácil disfrutar de un Manhattan, un Negroni, un DryMartini, entre los múltiples cócteles en los que el vermut es protagonista.
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    En España  destacan los de Reus pero también actualmente hay grandes vermuts en Rioja, Madrid, Galicia... El vermut artesanal está de moda y la variedad y la oferta es cada vez más interesante.
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    Desde siempre ha sido un licor para tomar entre horas, generalmente como aperitivo, para abrir boca y estimular el apetito. De hecho, da nombre a este momento del día: “la hora del vermut”, aunque tomemos cualquier otra cosa.
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    En realidad, esta bebida es tan deliciosa que, sea la hora que sea, siempre es la hora del vermut. Y si lo tomamos con T de tapa, mejor que mejor.
    Fuente foto: summerfruitcup.wordpress.com

  • Los aromas del vino (2)

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    Como decíamos en el post anterior,  son muchos los aromas que pueden ser identificados en una cata. Tanto la variedad de uva, la añada o el tipo de elaboración, son detalles que no se escapan a las narices más finas.

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    Estos aromas suelen clasificarse entre Primarios, Secundarios y Terciarios. Aunque estamos seguros de que no hay mejor clasificación que la se recoge en la cabeza y memoria olfativa de un buen catador.

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    Aromas primarios:

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    Son aquellos que provienen de la propia uva y es el aroma que destaca en un vino joven, puesto que es muestra del tipo de variedad. Estos aromas se perciben desde un inicio en la copa y aumentan al ser agitados.

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    Aromas primarios típicos en variedades blancas:

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    Sauvignon Blanc:, menta, grosella, frutas tropicales.
    Chardonnay:, mantequilla, fresa, avellana.
    Macabeo: manzana, pomelo.
    Riesling: acacia, romero, limón, miel.
    Parellada: flor de viña, manzanilla.
    Moscatel: rosa, nardo, jazmín.

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    Aromas primarios típicos en variedades tintas:

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    Cabernet Sauvignon: arándanos, grosellas, frambuesa, moras, tabaco.
    Syrah: violeta, moras silvestres, pimienta, laurel.
    Garnacha: especias, confituras.
    Merlot: cassis, pimienta verde, confitura de bayas rojas,
    Tempranillo: frambuesas, grosellas, ciruelas negras.
    Pinot Noir: fresas, cerezas, violetas, grosellas.

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    Aromas secundarios:

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    Son aquellos que nacen en el proceso de fermentación del vino. Son aromas compartidos, ya que provienen de un proceso común como es la fermentación.
    Dan complejidad al vino, pero se disipan más rápidamente.

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    Se suelen clasificar en Series:

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    Serie de Fermentación: miga de pan, galleta,levadura, pastelería.
    Serie Láctea: leche, yogur, mantequilla, queso fresco, levadura.
    Serie Amílica: caramelo ácido, plátano, laca de uñas, barniz…

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    Aromas terciarios:

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    Son aquellos formados por oxidación o reducción y aparecen con la crianza en botella o en barrica. Surgen de la combinación de varios procesos: el aporte tostado de las barricas, la fusión de estos con los primarios en la botella, o la semi-reducción durante el envejecimiento. Al igual que los secundarios, se potencian por vía retronasal.También se llaman aromas de crianza.

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    Aromas terciarios en variedades blancas:

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    Frutales: frutos secos, albaricoque, melocotón.
    Florales:, manzanilla, flores secas, brezo.
    Confitería: Miel, pasta de almendras, pastel, praliné, cera de abeja, coco.
    Madera y balsámica: madera blanca y tierna, vainilla, cedro, roble, humo, tostadura, pino.

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    Aromas terciarios en variedades tintas:

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    Frutales: frutas maduras, mermeladas y en compota, orejones, albaricoque , ciruela pasa, cereza confitada.
    Florales: trufa, setas, sotobosque, brezo.
    Especiadas - madera: roble, pino, regaliz, madera quemada, madera tierna, madera ahumada, incienso, ceniza, vainilla, canela, resina, eucalipto, tabaco.
    Empireumática animal: pan tostado, pan de especias, cacao, avellanas y almendras tostadas, nueces, café, tabaco, jugo de carne , cuero.

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    Como por arte de magia, estos aromas aparecen en nuestra copa para ser disfrutados provenientes de la uva y de la tierra, a nuestro olfato que es el sentido más primitivo. En un viaje de lo físico, a lo espiritual. ¡Feliz cata!

     

    Fuente foto: museodelvinoderonda.com

  • Los aromas del vino

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    Junto con la cata visual (color, brillo, intensidad, transparencia y burbujas) y la cata en boca (acidez, sensaciones dulces, astringencia, cuerpo, equilibrio, persistencia, etc.), la fase olfativa o aromática de la cata es la más importante.

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    En esta descubrimos si tiene o no madera y disfrutamos de los matices: florales, herbáceos, frutales, tostados y especiados,prestando gran atención a su limpieza, complejidad e intensidad.

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    Como son aromas  tan sutiles, es muy importante comprobar que la cristalería está perfectamente limpia y seca, sin olores impregnados. Es muy importante también controlar la temperatura del vino. Una temperatura baja atenúa los matices y una alta potenciaría en exceso la expresión retronasal. Por eso, la temperatura idónea se estima en 15-16 °C.
    La copa se coge por el pie y se huele primero a copa parada, luego se agita para que los aromas del vino se aireen. Es cuando acercamos la nariz a la copa, para valorar los matices y detalles del vino, descubriendo la mayor expresividad de los aromas.

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    Los vinos más valorados son aquellos complejos, que son cada vez más expresivos, evolucionan en la copa, abriéndose o expandiéndose, según van tomando contacto con el aire.
    Según su intensidad y potencia, podremos clasificar los vinos, desde poco expresivos hasta de intensidad alta. A veces, cuando el vino está muy cerrado, se puede ayudar a expresarse con una decantación o aireación.

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    Otro paso vital es apreciar su limpieza aromática, es decir su nitidez y la ausencia de defectos,comprobando que no existen olores extraños a corcho u otros que nos lleven a tener que cambiar esa botella.

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    En un conjunto aromático tan esmerado como un vino, es muy importante la armonía. Que todos estos elementos que nombramos estén en perfecta sintonía. Por eso hablaremos cuando se consigue de vinos elegantes.

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    Para concluir, la fase que más reconocemos todos: detectar y definir los matices aromáticos. La clasificación de los mismos no es estricta y de hecho existen muchos listados, todos obviamente con rasgos en común.

     

    Según el enólogo Emile Peynaud, está es la lista de los principales aromas:

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    ANIMAL: Ámbar, caza, piel, pelo, almizcle, cueros...

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    MADERA: Madera verde,madera vieja, acacia, roble, cedro, sándalo, lápiz, caja de puros, duela, corteza…

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    QUIMICO: Acético, alcohol, hidrocarburo, fenol, naftalina, sulfuroso, azufre, celuloide, medicinal, farmacéutico, yodo, ...

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    ESPECIADO (y plantas aromáticas): Anís, eneldo, badiana, hinojo, seta, boletus, trufa, canela, jengibre, clavo, moscada, pimienta negra, pimienta verde, albahaca, menta, tomillo, angélica, regaliz, ajo, cebolla, orégano, mejorana, lavanda, monte bajo, alcanfor…

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    EMPIREUMATICO: Humo, de tabaco, de incienso, quemado, tostado, caramelo, toffee, almendra tostada, pan tostado, piedra de chispa, de amolar, sílex, madera quemada, caucho, café torrefacto, cacao, chocolate…

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    ETEREO (y olores de fermentación): Acetato deisoamilo, acetona, amílico, plátano, caramelo acidulado, caramelo inglés, esmalte para uñas, acetato de etilo, jabón, vela, cera, levadura, fermento, masa fermentada, trigo, cerveza, cidra, lactosa, leche agria, mantequilla, diacetilo, establo...

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    FLORAL: Flor de acacia, de almendro, de manzano, de melocotonero, de saúco, de viña, azahar, espino blanco, gavanza, madreselva, cidronela, jacinto, jazmín, geranio, brezo, retama, magnolia, miel, peonía, reseda, rosa, manzanilla, tilo, verbena, lirio, violeta, clavel…

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    FRUTAL: Pasas, uva confitada, uva pasificada,amoscatelado, cereza, kirsch, cherry, ciruela, ciruela pasa, ciruela mirabel, hueso, almendra amarga, pistacho, arándano, grosella, grosella negra, frambuesa, mora, fresa, fresas silvestres, albaricoque, membrillo, melocotón, pera, manzana, melón, bergamota, cidra, limón, naranja, pomelo, piña, plátano, higo, granada, granadina, nuez, avellana, oliva verde, oliva negra…

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    VEGETAL: Hierba, herboso, herbáceo, heno, hoja verde, hoja de grosella negra, marchito, laurel, tisana, infusión, hojas muertas, berro, hiedra, rábano blanco, negro, helecho, te, tabaco, humus, polvo, tierra, musgo…

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    A su vez, estos aromas suelen clasificarse en primarios, secundarios y terciarios, pero eso lo veremos en el próximo post. Mientras tanto, dejemos que el aroma del vino siga impregnándolo todo y sigamos aprendiendo entre las páginas este libro.

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    Fuente foto: vegatolosa.com

  • Notas de cata (musicales)

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    Al igual que cada melodía está formada por pequeñas notas musicales, cada copa de vino está formada por pequeñas notas de sabor. Diminutos matices con personalidad propia, como si cada una fuera un instrumento distinto. El sabor a madera y cuero, serían los oboes. El color rojizo brillante, el clarinete. Y los tonos ácidos, los violines. En su conjunto, forman una sinfonía compleja y armónica.

     

    Varios estudios efectuados por universidades internacionales, llegan a la conclusión de que lo que escuchamos, varía nuestra percepción del vino. Así que, además de servirlo a una buena temperatura, en una copa adecuada y disfrutarlo con el mejor menú y la mejor compañía ahora sabemos también que una buena selección musical nos puede ayudar a potenciar y disfrutar de todas sus características.

     

    Las conclusiones son, además de divertidas, sorprendentes:

     

    Los Merlots son vinos idóneos para escuchar música melódica, tipo José González, Otis Reading o Tom Jones. En el caso de Tom Jones, suponemos que son vinos con mucho cuerpo.

     

    En el caso del Chardonnay, grupos como Blondie o artistas tipo Madonna pueden ser idóneas. Serían vinos Pop, pero con un puntito provocativo cuando se ponen.

     

    A los Cabernet Sauvignon les va la marcha. Nada menos que The Rolling Stones, Jimmy Hendrix o The Beatles son algunos de los más recomendados.Si decidimos maridarlo con música orquestal tan potente como Carmina Burana, la potencia de percepción del vino podría duplicarse.

     

    Este mismo efecto lo encontramos con el Syrah, que se aconseja maridar con Wagner o Puccini, convirtiéndolo en un vino épico.

     

    En el caso del Lambrusco y otros vinos de aguja, buscaremos algo más picante y burbujeante, como Shakira o Lady Gaga.

     

    Y así, entre cata y cata, entre canción y canción, nuestro paladar madura a lo largo del tiempo, al igual que evoluciona nuestro gusto musical, yendo mucho más allá de ponernos una copita y nuestro disco favorito sin más. Ahora somos catadores y groupies al mismo tiempo.

     

    Con permiso de Georgie Dann, la canción de este verano vendría regada de vinos tintos jóvenes, afrutados, con buena acidez, grado alcohólico moderado y poca crianza. Podría ser un vino tinto ligero, alegre y fácil de beber. Un vino de barbacoa…

     

    Y así sucesivamente, encontrando la combinación perfecta entre paladar y oído.

     

    No sabemos cuánto de cierto hay en todo esto pero lo que sí es muy real es que servirse un vino es un acto meditado en el que nos preparamos para disfrutar. La cata de un vino tiene mucho de ritual y es sin duda una experiencia sensorial a la que solo le falta un sentido: el oído... A partir de ahora incluyámoslo si eso nos sirve para disfrutar más.

     

    Puedes empezar por aquí: combinando un poco de reggae con un buen Rioja.

     

    Fuente foto: hpo.org

  • Rosas: mucho más que decoración para los vinos.

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    El vino y las rosas llevan siglos unidos, ya que se trata de una combinación, en muchos casos, perfecta.

     

    Es difícil pensar en una mezcla más adecuada que un ramo de rosas rojas y una buena botella de vino para una cena romántica.

     

    Cuando hablamos de “días de vino y rosas” nos referimos a días alegres, de celebración y fiesta.

     

    Y lo curioso es que este vínculo entre vides y rosas, sucede prácticamente desde el origen. Es habitual ver rosales plantados junto a los propios viñedos, provocando extrañeza en todo el que lo ve. Normalmente se piensa que las rosas se plantan junto a las vides por motivos decorativos, pero nada más lejos de la realidad. En este caso, la decoración no es tan importante como la prevención. Las vides son muy sensibles al ataque de algunos hongos, que son causantes de enfermedades fúngicas llamadas “oidio y mildiu”, muy dañinas y complicadas de eliminar.

     

    Pero si las vides son sensibles, los rosales lo son mucho más. De forma que se planta las rosas juntos a los viñedos para detectar precozmente el ataque de estas dos plagas. En cuanto los rosales tienen síntomas de ataques: manchas en las hojas, las vides son tratadas inmediatamente. Así que las rosas, además alegrar la vista, se sacrifican en pos del viñedo y funcionan como una bella alarma de dichas plagas.

     

    Esta estrecha relación se remonta a finales del Siglo XIX, cuando el hongo OidiumTuckery llegó a Europa continental, procedente de Reino Unido. En menos de dos años se propagó por todos lados, perjudicando a los viñedos de prácticamente cada zona en la que apareció. Como la mayor parte de los viñedos en esa época estaban destinados al vino de misa, estaban situados alrededor de monasterios. Por ese motivo, los monjes cistercienses de la zona de la Borgoña se convirtieron en auténticos expertos del cultivo y cuidado del vino, estudiando sus abonos, suelos, seleccionando los mejores brotes, cuidando al máximo las podas y protegiéndolos de las plagas y otras amenazas y entre otras medidas, plantaron rosales rodeando sus preciadas viñas. Además, los monjes espolvoreaban los viñedos con azufre.

     

    Desde ese momento, los rosales están presentes en muchos viñedos esparcidos por todo el mundo. Ya forman parte de la tradición y del paisaje, son fieles aliados del viticultor y en definitiva de todos nosotros, que somos los que disfrutamos del buen vino en cada momento.

     

    Podríamos decir que las rosas guardan sus espinas para las plagas y los pétalos nos los guardan a nosotros, los amantes del vino.

     

    Fuente foto: simplydonnarose.wordpress.com

  • La imagen de un vino: diseño y valores a transmitir.

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    El vino se cata a veces con los ojos cerrados, al menos entornándolos cuando nos toca el alma, pero siempre se compra con los ojos bien abiertos. ¡Oh Baco y resto de dioses, de esto no nos habíais advertido!

     

    Nacimos ya sabiendo que el secreto está en el interior y desde siempre pensamos que es cierto. Y más en un vino: lo que importa de verdad es su aroma, sabor, color, todo lo que está dentro. Pero ya no. No únicamente. Ser magnífico es condición necesaria, pero ya no es suficiente.

     

    La imagen importa. Sobre todo partiendo de una base dura pero real: el consumidor generalmente no tiene tantas referencias como un profesional. Entonces, sin tanta información, ¿cómo podemos convencerle de que elija nuestra marca?

     

    En realidad, no todo es tan distinto. El vino, al abrirlo, transmite emociones, recuerdos, sensaciones. La cuestión es que la botella todavía cerrada, también debe ser un vehículo de comunicación, capaz de generar esas emociones, esa primera buena impresión y transmitir que hay en su interior. Que transmita esos valores que queremos que el cliente perciba.

     

    El diseño tiene la labor de seducir, informar y de provocar una respuesta emocional. Y ahí radica todo, en las emociones. Y el vehículo de estas emociones es el diseño. Hoy en día ya encontramos muchos envases, nombres y etiquetas verdaderamente imaginativas y rompedoras, sobre todo en un sector en el que la tradición todavía tiene mucho peso.

     

    Hay 3 elementos básicos:

     

    El naming

     

    ¿Qué queremos expresar? Podemos hacer referencia a un momento de consumo, al origen (zona o región geográfica), a una actitud, a una sensación que queremos transmitir, de forma más directa o más poética… las posibilidades son infinitas, tantas como emociones.

     

    La etiqueta

     

    El color, las tipografías y las formas, son embajadores del producto antes de abrir la botella. La etiqueta es una interpretación visual de la marca, del naming y su espíritu. La representación gráfica más clara de lo que ahora tenemos la oportunidad de descubrir, aplicado a toda la gama de productos (generalmente tinto, blanco y rosado).

     

    La botella

     

    Su forma y textura, junto a su envoltorio, dará un carácter y un tono al producto, transmitiéndonos los valores y características del vino que contiene. No sólo es un recipiente. Es un contenedor de información.

     

    Estos detalles visuales o formales van más allá de la opinión o crítica de un gran experto. Pero sin embargo, ese mismo experto, ante dos vinos similares, tendrá que elegir guiado por algún atributo más allá del vino, como su presentación.

     

    Como conclusión, si conectamos emocionalmente con nuestro público objetivo, dentro y fuera de la botella, la posibilidad de ser elegidos en un mar de marcas aumentará. Pero eso sí, solo si además nuestro producto no le defrauda, la fidelización será segura.

     

    Consigamos que nuestros clientes abran bien los ojos a la hora de elegir nuestro vino, sorprendidos, entusiasmados. Ya tendrán tiempo de entornarlos cuando lo caten.

     

    Fuente foto: muymolon.com

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