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Archivo por meses: abril 2015

  • Fino y manzanilla: encuentre las 7 diferencias

    Spanish Andalusian Springtime festivals. Primavera Espana Andalucia

     

     

    Los finos y manzanillas son vinos que al principio, apenas se diferencian de los vinos blancos jóvenes normales. El primer paso diferenciador comienza al añadir alcohol vínico, que le lleva alcanzar los 15º. Con esa graduación, se forma una capa de levadura que les preserva del contacto con el aire y su oxidación. Es lo que conocemos como “velo de flor”. Esta capa protectora es artífice de una crianza biológica, que tras 4 años, ya estará listo para mezclarse con otros vinos y ser degustado.

     

    Este es un método único, cuyo resultado es un vino de color pálido, claro y  15,5º de graduación, según la normativa. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre fino y manzanilla? En realidad, los matices que los distinguen son mínimos.

     

    La materia prima es idéntica: ambos están fabricados en base a la variedad de uva Palomino y se rigen por métodos de fabricación y reglamentos exactamente iguales.

     

    En muchas ocasiones, la diferencia es más una cuestión cultural y de identidad, que de criterios objetivos. Incluso el marketing y la forma de comercializar uno y otro tienen mucho que ver.

     

    Eso sí, queda claro que las manzanillas han de ser producidas en Sanlúcar de Barrameda. De hecho, la manzanilla evoluciona bajo un velo de flor algo más grueso, debido a la cercanía del mar, suavizando su sabor ligeramente salino y dándole toques dorados a la vista. El fino, sin embargo, alcanza tonos de oro pálido y en nariz toques más almendrados y punzantes.

     

    Sin embargo, ambos están íntimamente relacionados. En Jerez, el velo de flor desaparece por efecto del calor y la manzanilla se convierte en fino. Mientras que en Sanlúcar, el velo aguanta todo el año, gracias al clima suave que impregna el Guadalquivir y el fino recibe toques de manzanilla.

     

    En Feria ya se sabe: todo puede pasar. Y una de las cosas que sucede es que la manzanilla o el fino se mezclan con “seven up”, para formar el ya famoso “rebujito”. Pero nosotros recomendamos disfrutarlos 1005 y tomarlos solos bien fresquitos y sobre todo, bien rodeados.

     

    Fuente foto: nigeldickinson.photoshelter.com

  • Vinos de Feria: vinos de Jerez.

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    ¿Te imaginas cambiar las sevillanas por el rap, los lunares por cuadros escoceses o los sombreros cordobeses por chisteras? Algo así sucedería si viviéramos una Feria de Abril sin vino de Jerez.

     

    Como cada año, ha llegado el momento. Casetas, albero, claveles y entre baile y baile, entre cante y cante, lo mejor que hay es una copita de esta joya. Por suerte, tenemos para elegir. Estos son los principales tipos:

     

    Fino

     

    Es un vino pálido, de color oro pajizo, con un aroma delicado y punzante, seco y poco ácido, con graduación entre 15,5º y 17º.

     

    Manzanilla

    Fabricada en San Lucar de Barrameda, es un vino seco con color pálido y aroma punzante, ligero al paladar, poco ácido, con una graduación entre 15º y 17º. Su crianza en flor lo hace perfecto para acompañar a mariscos y tapas.

     

    Amontillado

     

    Es un vino de color ámbar, entre fino y oloroso, de aroma punzante y sabor a nueces y avellanas. Suave, seco y con una graduación entre 16º y 18º. Marida muy bien con pescado y carnes suaves.

     

    Palo Cortado

     

    Este vino evoluciona más que ninguno, ya que al principio se presenta como fino, progresa a un amontillado y acaba siendo un oloroso. Suele presentar tonos rojizo y marrones y una graduación entre 18º y 20º.

     

    Oloroso

     

    Presenta un color oscuro y es muy aromático, con un agradable aroma a caramelo y nuez, mucho cuerpo y una graduación entre 18º y 20º. Combina muy bien con quesos y carnes.

     

    Crema de Jerez

     

    Surge de la combinación entre un oloroso y un fantástico toque de dulce. Esta sensación dulce se produce por la exposición al sol de las uvas maduras durante 2 o 3 semanas, que lleva a su fermentación y posterior adición de alcohol. Tiene gran personalidad, sabor y una graduación entre 18º y 20º. Ideal para acompañar postres o quesos.

     

    Pedro Ximenez y Moscatel

     

    Se fabrican con las uvas que llevan su nombre. Al alcanzar una maduración avanzada, se ponen al sol varias semanas para concentrar su glucosa. El resultado es un vino delicioso, con alto contenido de azúcar, de baja graduación y un color rojizo que se va oscureciendo.

     

    Hay más clases de vinos de Jerez, pero estos son los principales. Parece increíble que en una franja tan pequeña de Andalucía, como es en el triángulo entre el Puerto de Santa María, Jerez y Sanlúcar de Barrameda, surja tanta riqueza de sabores, de matices y de amor por el vino.

     

     

     Fuente foto: hola.com

  • Vinos que maridan con barquillos: Helado de vino tinto.

    leitesculinaria

     

    Hay postres que, por muy bien que se porten, los niños nunca van a tomar. La tarta al whisky, las peras al vino… Y es que los licores han pasado a ser un ingrediente más de pasteles y otras delicias. A veces, de manera muy sorprendente.

     

    Solemos considerar al vino tinto como una bebida que nos hace entrar en calor, que en invierno nos reconforta y nos recompone frente al frío. Pero en algunas ocasiones, también es capaz de refrescarnos, como es el caso del helado de vino tinto.

     

    No sabemos si para este postre tan curioso existe un maridaje concreto. Si dependiendo del tipo de vino, se recomienda un tipo de barquillo concreto. O incluso si hay otros, que se recomienda tomar en tarrina sin más.

     

    Lo que sí sabemos es que es un plato muy original, que gustará en su mesa, ya sea a la hora del postre o de la merienda.

     

    Estos son los pasos fundamentales para prepararlo:

     

    Ingredientes

    • ¾ l. de vino tinto (una botella)
    • 4 yemas de huevo
    • ¼ l. de nata
    • 150g de azúcar
    • ¼ l. de leche entera
    • Canela en rama

     

    Cómo preparar helado de vino tinto

     

    - En una cazuela, se pone a hervir el vino, con una ramita de canela. Pasados 45 minutos, cuando se haya rebajado, se mete en el congelador.

    - La nata se mezcla con la leche en otra cazuela y se deja hervir a fuego medio.

    - En otro recipiente, batimos las yemas con el azúcar, hasta alcanzar una masa uniforme.

    - Esta masa se mezcla con la leche, sin que llegue a hervir, dejando que se espese.

    - Se deja enfriar y a continuación, se mezcla con el vino que hemos congelado.

    - Mezclar la masa en la máquina de helados unos 30 minutos.

    - Meter en el congelador.

     

    Como vemos, a la moda de tomar vinos de postre, acompañados de quesos o chocolate, se une el helado de vino tinto. Una forma de más de disfrutar de nuestro ingrediente favorito y de estos días de primavera. Y recordar en la cocina utilizar siempre buenas calidades de vino porque cuanto mejor sea el vino mas bueno estará el helado…..

     

    Fuente foto: leitesculinaria.com

  • Las botellas y sus formas

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    Al principio del todo, las botellas de vino no eran botellas. Los primeros envases de los que tenemos noticias estaban fabricados de tripas de animales y cueros, ni si quiera de madera. Luego pasaron a ser ánforas y otros envases de barro, hasta que en S. III A.C. comenzó a usarse el vidrio, tanto por la conservación como por el servicio que prestaban a los comensales.

     

    El vidrio llegó para quedarse y desde entonces, ha sido el material por excelencia utilizado para la conservación del buen vino.

     

    Pero los vinos no son los únicos que maduran y evolucionan a lo largo de tiempo. Las propias botellas han sufrido cambios importantes a lo largo de la historia, hasta llegar a las formas que conocemos hoy.

     

    De acuerdo con su forma, estas son los tipos de botellas más significativos:

     

    Borgoña.

     

    Toma su nombre de la región francesa en la que fue diseñada. Tiene los hombros en pendiente, consiguiendo un estilo fino y estilizado. El vidrio suele tener color verde oscuro y cada vez es  más utilizada por nuestras bodegas, buscando diferenciación.

     

    Bordelesa

     

    Proveniente de Burdeos, Francia, es la botella más frecuente. Su anchura y altura varía en función del diseño, aunque se suele mostrar con forma alargada, un pie ancho y los cuellos más caídos de lo habitual. Su color habitual es el verde oscuro para tintos y transparente en el caso de los vinos blancos.

     

    Renana

     

    Suele ser alargada y esbelta, con hombros muy estrechos. En España es la botella más normal del Txacolí. Suele presentarse verde para los vinos blancos y transparente en el caso de los rosados.

     

    Jerezana

     

    Es muy similar a la bordelesa. También alargada, generalmente en colores verdes oscuros y negros, para concentrara la perfección los matices de los vinos. Se suele utilizar para los finos de Jerez y las manzanillas.

     

    Oporto

     

    Se trata de una botella de cuello alargado y hombros poco marcados, bastante estilizada. Suele tener un color oscuro, para conservar correctamente el vino a lo largo del tiempo.

     

    Chianti

     

    Normalmente se presenta como una botella chata con pronunciada panza y a veces cubierta de paja.

     

    Espumosos

     

    Necesitan ser las botellas más resistentes, con vidrio más grueso para soportar las altas presiones de sus vinos, sobre todo a lo largo de la segunda fermentación. Generalmente, las botellas de champagne y cava tienen un color verde oscuro.

     

    Troncocónica

     

    También llamada de flauta, con hombros rectos, en ocasiones a modo de las botellas antiguas.

     

    Como vemos, el vino es un ser vivo, que tiene sus gustos y preferencias. Y que sabe elegir qué recipiente es mejor para él, según sus características, para llegar a nuestros paladares en todo su esplendor y vestido a la moda...

     

    Fuente foto: bodegasrodriguez.blogspot.com

  • Viajar con el paladar: cómo transportar el vino.

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    ¿Cuántas veces hemos escuchado que de Despeñaperros “parriba” el fino no sabe igual? ¿O que el Albariño lejos de Galicia es otra cosa? Aparte de las denominaciones de origen, hay vinos que están íntimamente ligados al lugar del que proceden, ya que consumirlos en su tierra, hace redonda la experiencia.

     

    Sin embargo nos gusta viajar. Y parte del viaje es volver a casa con botellas de vinos especiales, que hayamos probado o se hayan quedado pendientes. Vinos que alarguen el recuerdo de ese destino que hemos visitado.

     

    Lo más lógico es comprar vinos que no podamos conseguir con facilidad donde vivimos, ya sea porque no existan, se trate de una añada muy concreta, de escasa producción o fabricados por bodegas muy pequeñas.

     

    Pero no siempre traemos el vino de otro lugar. Hay veces que nos lo llevamos con nosotros allí donde vamos. Si viajamos lejos de nuestro hogar, de vacaciones por ejemplo al campo o a la playa a poblaciones con menos oferta,  nos puede apetecer seguir sintiéndonos como en casa y disfrutar de nuestros vinos y bebidas favoritas. Para ello podemos llevarlos con nosotros, y es igual de importante que viajen seguras.

     

    Por eso es fundamental tener claras unas breves nociones de cómo transportarlos.

     

    Las botellas están hechas de cristal, son muy frágiles, pero no es lo único.

     

    El vino en sí mismo es muy sensible al calor: debe viajar a salvo de grandes cambios de temperatura y de temperaturas extremas.

     

    Le perjudican las vibraciones y la luz: por eso se recomienda que viajen acolchadas y no expuestas a la luz directa.

     

    Se aconseja que viajen siempre en posición vertical.

     

    Y algo que no debemos olvidar: al llegar a nuestro destino, es muy conveniente dejar reposar las botellas un par de días antes de su consumo y en vinos muy añejos y delicados este plazo puede llegar a 2 semanas. No olvidemos que el vino es un organismo vivo y sufre “jet-lag”, sobre todo si es un desplazamiento de muchos Kilómetros.

     

    Además, hay vinos más sensibles al transporte que otros, como suelen ser los vinos más viejos y algunos blancos y espumosos delicados.

     

    Por todos estos motivos, es importante preservar cada botella cuidadosamente.

     

    Lo mismo sucede si compramos nuestro vino por internet, es importante asegurarse sea en una tienda de confianza que cuide el transporte y tenga muy en cuenta todas estas necesidades.

     

    En el caso de viajes en avión o cualquier otro medio, es muy importante verificar las condiciones de transporte de la compañía con la que viajemos. Sobre todo sus normativas respecto a transporte de líquidos y sus cantidades permitidas.

     

    Los métodos más tradicionales siempre han sido envolver las botellas en papel de burbujas e incluso en cajas de poliespan, para que vayan bien protegidas. También es un clásico colocar la botella entre la ropa de la maleta, para que vaya acolchada y protegida…

     

    Hoy en día, han surgido otros métodos más modernos y sin duda más efectivos, como el Wineskin (Link: http://www.santacecilia.es/productos/accesorios-vino/bolsa-wineskin.html) Básicamente son fundas individuales, acolchadas y acondicionadas para preservar cada botella.

     

    Lo que no tenemos tan claro es que estas fundas puedan ser consideradas equipaje de mano. Una lástima. ¿Quién tiene miedo a volar con una copa de buen vino a mano?

     

    Fuente foto: elproximoviaje.com

  • Vinos de autor

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    El concepto “de autor” lo hemos visto aplicado al arte en distintas acepciones. Hablamos del “cine de autor” o la “novela de autor”, como esas obras tremendamente personales, para una audiencia muy reducida, con un estilo iconoclasta, libre, único. En definitiva hablamos siempre de una pieza más especial, lejos de las modas más comerciales.

     

    En ocasiones el vino es capaz de deleitarnos como cualquier pieza de arte, por eso también cuenta con vinos de autor.Como toda obra de arte que merezca llamarse así, el vino de autor parte de la libertad creativa, de la imaginación y la inexistencia de barreras y normas para diseñarlo.

     

    Son vinos irreverentes en su concepción. No siguen las normas de los Consejos de Regulación, ni envejecen en barrica el tiempo estipulado por cada Denominación de Origen. Se saltan las normas porque el objetivo no es hacer un vino más, sino un vino irrepetible cada vez.

     

    Por ese motivo, son vinos que necesitan todo el cuidado de la bodega.  Requieren una especial selección de la uva, eligiendo aquellos granos cultivados en las mejores parcelas, de las viñas más viejas, las mejor orientadas para que hayan recibido las horas de luz adecuadas, etc. El resultado de tanto esmero es un vino de producción reducida, de alta gama. Vinos de alta expresión, como también se denominan y a veces también de alto precio.

     

    En ellos cada bodega o autor intenta plasmar su identidad, su sello personal y el alma, espíritu y talento de sus enólogos, de forma libre. A veces el vino creado corresponde al sueño personal de un bodeguero o personaje del mundo de vino concreto, reconocido y considerado ya previamente como una autor en si mismo, pero a veces corresponde a un deseo y espíritu de una gran bodega sin estar personalizado en un enólogo famoso o reconocido por el gran público. Eso si son siempre vinos más allá de las normas y tradiciones de crianza. Por eso los vinos de autor suelen venir con el sello de la Denominación de Origen de la que procedan, normalmente con la etiqueta de “genéricos”.

     

    A obras de autores tan personales como Al final de la escapada (Godard), Un perro andaluz (Buñuel) o 8 1/2 (Fellini), habría que añadir ahora el de algunos vinos como Roda, Baron de Chirel, Numanthia, Aalto PS o Terrasses, grandes ejemplos, entre otros, del vino de autor.

     

     Fuente foto: entomelloso.com

  • Alfombra roja, blanca y rosada: vinos favoritos de las estrellas de cine.

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    El vino está presente continuamente en nuestras vidas, en nuestra cultura. Lo vemos en fiestas, eventos gastronómicos y por supuesto, en la televisión o en el cine. Pero lo que vemos delante de la pantalla, a veces es muy distinto a lo que realmente sucede detrás.

     

    De hecho, el mejor anuncio de vino que pueda hacer un actor famoso es elegirlo y tomarlo en su vida privada. Aquí tenemos algunos ejemplos. Más allá de intereses económicos, de campañas publicitarias, de sponsors… Estos son los vinos que algunos famosos escogen, cuando de verdad pueden elegir:

     

    Arnold Schwarzenegger, ex Terminator y ex gobernador de California, se decanta por el excelente Brunello di Montalcino.

     

    Keanu Reeves es más clásico y opta por el Chianti, prestigioso vino de la provincia de Siena.

     

    A Francis Ford Coppola le gusta probar vinos diferentes,  pero sus preferidos son los de California. Prueba de ello es que es propietario de una bodega en esta región.

     

    La inmortal Marilyn Monroe sumó a sus encantos los del vino dulce, especialmente el de Jerez, cuyo sabor le fascinaba.

     

    Johnny Depp se inclina claramente por el Chateu Ségur Saint Estéfhe AOC o por el Romanée Conti, en su defecto.

     

    En cambio, Jack Nicholson prefiere un Grand Cru, sobre todo el Chateau Prieuré Lichine.

     

    Finalmente, Woody Allen lo tiene claro: si tiene que elegir, él se queda con los Burdeos.

     

    Esta pasión va mucho más allá del cine y se extiende en todos los ámbitos. Un ejemplo: Obama ha reconocido en múltiples ocasiones que es un gran amante del vino elaborado con la variedad Pinot Noir, que se produce en Oregon, especialmente los de una bodega llamada Lenné.

     

    Algunos incluso han dado un paso más. De aficionados al vino a productores, como Gerard Depardieu, Brad Pitt & Angelina Jolie, Drew Barrymore y Antonio Banderas.

     

    Pero todos tienen algo en común. Sean famosos o no, estrellas más o menos brillantes, todos son hombres y mujeres que disfrutan de los placeres, alegrías, tertulias y compañía de una buena copa de vino.

     

    Fuente foto: www.unvinodecine.wordpress.com

  • ¿Qué determina el color del vino?

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    Como se suele decir, todo depende del color con que se mire. Pero en el caso de los vinos, no solo depende de nuestro punto de vista. Hay otros factores físicos que son claves en la enorme gama de colores que podemos encontrar en los diferentes vinos.

     

    Los responsables del color definitivo de un vino son los polifenoles, que se dividen a su vez en antocianos y taninos:

     

    Los antocianos se encuentran en la pulpa y sobre todo en la piel de las uvas. Son los causantes del color definitivo del vino tinto.

     

    Los taninos se encuentran en piel, pepitas y raspón. Son los responsables de ese matiz astringente de algunos vinos.

     

    Cuando se trata de vinos jóvenes, hablamos siempre de compuestos químicos muy cambiantes, que se combinan a su vez con otros taninos, forman polímeros más estables, hasta proporcionar el color definitivo del vino. Por otro lado, durante la maceración, los antocianos pasan de tonos azules hacia colores rojizos o anaranjados, así que, como vemos, el envejecimiento deja huella en el color del vino.

     

    En el caso de vinos tintos más jóvenes, es habitual una coloración púrpura, violeta o malva, que según avanza pasa a ser más rojiza o teja, y los bordes tienden a tonos caobas. Lo reservas y grandes reservas suelen tener tonos más apagados y traslúcidos que los más jóvenes.

     

    Los vinos blancos suelen tener tonos más pálidos, limón o pajizos en sus primeros años, con toques verdosos y bordes blanquecinos. Suelen evolucionar a tonalidades doradas, incluso ámbar.

     

    Los vinos rosados evolucionan desde el rosa y poco a poco van obteniendo tonalidades anaranjadas, hasta naranjas más claros, incluso amarillentos.

     

    Además del proceso químico y del envejecimiento, hay razones puramente naturales que influyen decisivamente en el tono y coloración final de un vino, como son el tipo de uva (por ejemplo, la Rossese o la Pinot Noir tiñen menos sus vinos) , las condiciones climatológicas (lluvia y horas de sol a las que ha sido expuesta), los métodos de elaboración o su conservación.

     

    Está claro que el color es parte de la experiencia completa de una buena copa de vino. Aunque cuando tomamos un sorbo y entornamos los ojos de placer, nos olvidamos un poco de él para pasa a otras nuevas sensaciones.

     

     Fuente foto: www.riberadelguadiana.eu

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