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Archivo por meses: junio 2014

  • Un poco de luz sobre la cerveza negra.

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    Para empezar, no es negra. A simple vista lo parece, pero si la miramos a contraluz, la cosa cambia. Por ejemplo, la cerveza negra más famosa del mundo, la Guinness, tiene un color rojo rubí profundo. Quizás la oscura percepción que tenemos de ella se vea aumentada por el contraste con su densa espuma blanca que, ¡oh, sorpresa!: tampoco es blanca. La espuma de cualquier tipo de cerveza está formada por microesferas de agua transparentes que la luz atraviesa dispersándose, reflejándose y refractándose cientos de veces antes de llegar a nuestros ojos, produciendo una mezcla de colores que percibimos como blanco. Qué cosas.

    Pero volviendo al tema, la cerveza negra se elabora con los mismos ingredientes básicos de todas las demás: agua, cebada y lúpulo.  Su color se debe al empleo de maltas especialmente oscuras por un proceso de tueste más intenso.

    Se cree que nació un buen día en las provincias alemanas de Turingia y Sajonia y la más antigua de la que se tiene noticia es la Braunschweiger Mumme. La primera mención a esta cerveza data de 1390, en Brunswick .

    Por lo general, tienen un sabor fuerte con marcadas notas de chocolate o café y en Alemania suelen acompañarse con trozos de pan negro y queso crema, salchichas y embutidos típicos

    Los 5 tipos de cerveza negra más conocidos son:

    -Porter. Es la más vendida en todo el mundo. Tiene un profundo sabor malteado y un color muy oscuro. Su fermentación es la típica de las cervezas ale.

    -Cream Stout. En esta variedad la cebada no se maltea, se carameliza. Así se obtiene un sabor más dulce y un color más claro.

    -Imperial Stout: Son las cervezas negras más fuertes y alcanzan un porcentaje alcohólico de aproximadamente 10% Vol.

    -Schwarzbier. Son cervezas alemanas y, actualmente, de fermentación baja. Su contenido alcohólico es de entre un 4,8 y un 5%.

    -Cerveza Bock. Elaboradas con malta, poseen mucho cuerpo y un sabor muy suave. Se diferencian entre la variedad tradicional y la Doppelbock.

    En fin, que si para gustos los colores, también hay cerveza negra para todos los gustos. Bueno, que no es negra, pero eso es lo de menos.

  • De cómo el tiempo colorea el vino.

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    Aunque evidentemente el color de un vino viene determinado por el color de la piel de la uva con la que se haya elaborado, es el tiempo el que da las últimas pinceladas. Para bien o para mal, claro.

    El proceso de guarda de un vino provoca cambios muy relevantes a todos los niveles estructurales: aroma, textura, grado alcohólico y, por supuesto, color. Todo lo que gana un vino bien guardado durante el periodo de tiempo recomendado, pude echarse a perder para siempre, si pasa más tiempo del necesario. Y es entonces como, al igual que un enfermo, el vino se pone de muy mal color.

    Una vez transcurrido más tiempo del debido en el proceso de guarda, el color se apaga y el vino pierde su brillo y su intensidad. Los tintos se acaban aclarando y los blancos oscurecen. Comienzan a degradarse de forma irreversible y el color de un tinto puede variar desde el púrpura oscuro hasta un color teja absolutamente lavado. El vino termina por perder la acidez responsable de mantener su estructura y se derrumba, convirtiéndose en lo que se conoce como un ‘vino muerto’. Ya es tarde: se nos ha ido.

    Aunque los tiempos estimados de guarda pueden variar significativamente dependiendo de cada vino concreto y, fundamentalmente, de las condiciones de envasado y reposo, no merece la pena jugársela y correr el riesgo de que se nos eche a perder.

    Como decimos, siempre hay excepciones, pero no debemos guardar un crianza más de 4 años, 8 en el caso de un reserva y 15 para un gran reserva. De lo contrario, probablemente el tiempo hará de la suyas y nuestro vino comenzará a tener muchos achaques. A tener muy mal color. A perder toda su esencia.

  • Ante la duda, deja que tu móvil elija el vino.

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    ¿No conoces ese vino que te recomiendan para cenar? ¿Tienen el vino que quieres, pero no estás seguro de la añada? ¿En la carta hay demasiadas opciones que no conoces y de las que no tienes ninguna referencia? Tranquilo. Respira. Tu móvil está preparado para sacarte de esta: llevas un potencial sumiller en el bolsillo.

    Cada día surgen nuevas y más completas apps para los amantes del vino. Tanto para ayudarnos a elegir uno en particular como para facilitarnos compartir la información y las opiniones sobre nuestras experiencias.  Aquí tienes una pequeña selección de las más destacadas. Elige la tuya.

     

    Vivino.

    Esta es posiblemente la más completa. Sólo con tomar una foto de la etiqueta, la buscará en su base de datos de más de 1 millón de vinos de todo el mundo y podrás ver sus características, comentarios y rankings.  En su ‘red social del vino’ (sólo en inglés) también encontrarás valoraciones, precios, notas de cata de otros usuarios, lugares de compra, información de la bodega, maridaje y recomendaciones para servir, tipo de uva y comparación de añadas. Además puedes añadir vinos a la ‘lista de los deseos’ para después compartirla con otros usuarios.

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    Hello Vino.

    Esta aplicación te va haciendo algunas preguntas para obtener la información que necesita para ayudarte a la hora de elegir un vino para una ocasión especial, hacer un regalo, acompañar una comida o conocer un producto concreto en profundidad gracias una ficha completa en la que se incluyen datos como valoración, precio estimado, procedencia, etc.

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    Wine Secretary (Sólo para Android).

    Se trata de la app de vinos más descargada en Android. Aunque consideramos que está un escalón por debajo que Vivino en cuanto a la información referente a cada producto y resulta menos interactiva, dispone de un buen buscador por nombre, precio y otros datos, además de un completo diccionario de términos enológicos en inglés. Te ofrece información sobre clasificación, precios, notas de cata, bodega, tipo de uva, graduación, PH, azúcar e incluso acidez, en algunos casos.

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    Vino Guía (Sólo para iOS).

    Esta app te permite descubrir al instante cuál es el mejor vino para acompañar tu comida o cuál es la mejor comida para disfrutar con el vino que ya has elegido. Tiene acceso a  más 450.000 puntuaciones elaboradas por publicaciones y profesionales del mundo del vino. En la Guía de Añadas, puedes encontrar cuál fue la mejor cosecha en cada región del mundo. También puedes añadir tus notas de cata, la fotografía del vino y calificación y compartirlo con otros usuarios o en las RRSS.

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  • El whisky, el whiskey y un cuento chino.

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    Empezaremos por el cuento. O la historia poco o nada documentada sobre el origen del whisky…¡en China! Pero bueno, la verdad es que tampoco es tan sorprendente: cuando uno no tiene claro dónde se inventó algo, China siempre suena bien.

    El caso es que hay quien asegura que dado que el whisky es producto de un proceso de destilación  y este proceso se inventó en China a finales del siglo XIII, pues que blanco y en botella. Que por lo visto los chinos andaban buscando desesperadamente un brebaje que curase la peste bubónica y, entre pitos y flautas, se toparon con el whisky. Y ya está. No hay datos, no hay registros y no hay ninguna otra información que avale esta historia. Te la puedes creer o no.

    Evidentemente, irlandeses y escoceses no se la creen. Ni de lejos. El whisky lo inventaron ellos. Los dos. Cada cual reivindica desde el orgullo su papel crucial en la historia de este apreciado licor.

    Las leyendas irlandesas presumen de que lo crearon ellos a partir de la llegada a la isla de San Patricio, que llegaba de la vieja Europa, con el fabuloso proceso de destilación bien aprendido.

    Los escoceses, por otro lado, se agarran al papel. Al primer documento conocido en el que se hace referencia al licor, en tiempos del Rey Jacobo IV, donde en el Registro del Tesoro escocés figura la siguiente inscripción: "8 bols de malta de Fray Juan Cor para destilar". Y eso, siendo justos, ya es algo más consistente. Además, por si eso fuera poco, siempre pueden alegar que San Patricio era escocés. Nacido en Escocia, vamos.

    Pero los irlandeses tienen muy claro lo que los escoceses podrían hacer con su maldito papel y no desfallecen en la reivindicación de su invención. Hasta tal punto, que decidieron diferenciar su producto del de sus vecinos copiones añadiéndole una “e” en el nombre: whiskey. Esto se produjo para diferenciarse en el mercado americano de los whiskys escoceses que, durante una época, inundaron EE.UU con el lanzamiento de bebidas espirituosas más baratas y de menor calidad producidas usando el alambique "Coffey still". Ahora, lo que es indiscutible, es que el whiskey, así escrito, es suyo. Todo suyo.

    En fin, que es todo un lío. Pero, oye: si esta rivalidad ha servido para que cada día disfrutemos de más y mejores whiskys o whiskeys, pues buena sea. Yo, al menos, brindo por ello.

  • Que no te la den con queso.

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    Aunque todos hemos utilizado alguna vez esta expresión, todavía hay muchas personas que no saben de dónde procede. Sí lo que significa: que no te engañen; que no te timen; que no te tomen por tonto, vamos. Pero, ¿qué tiene que ver el queso en todo esto?

    Bueno, el caso es que antiguamente los bodegueros ofrecían sus vinos a distintos compradores o comerciantes que llegaban hasta sus bodegas con la intención de comprar su vino, ya fuera para venderlo en sus tabernas o posadas o para revenderlo en otros lugares.

    Pero estos bodegueros también tenían malas añadas o simplemente su vino, en general, dejaba mucho que desear. Y claro, ¿cómo vendes eso? Pues aliándote con un socio que sepa ocultar convenientemente las debilidades de tu producto: el queso.

    En muchos casos, los compradores recorrían largos trayectos en carro para llegar hasta las bodegas. Y eso cansa. Y el cansancio da hambre. Y ahí es donde el sibilino bodeguero veía la oportunidad de ofrecer al catador una tapita de queso antes de entregarse a la tarea de probar el vino. Y ya está: en el momento en que éste se llevaba el queso a la boca, el vino veía aumentadas notablemente sus posibilidades de éxito. Pero ¿por qué?

    Resulta que el queso es capaz de engañar a nuestras papilas gustativas y hacerlas insensibles a ciertos defectos de los vinos malos. Este alimento contiene unas proteínas que limitan nuestra capacidad de degustar otros sabores y de apreciar la verdadera calidad del vino. Así de simple.

    Eso no quiere decir que no podamos comer queso bebiendo vino. De hecho, eso es algo que nos gusta a todos. Un placer del que no tenemos ninguna necesidad de prescindir. Un buen vino será siempre un buen vino, con o sin queso. Sólo el malo puede parecer bueno gracias a él. Algo que los compradores sabían y, por tanto, cuando enviaban a sus ‘comerciales’ a comprar con su dinero, deberían repetirles una y otra vez “que no te la den con queso”. Por la cuenta que les traía, claro.

  • El vino que viajó a los confines del Universo.

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    “Para una ocasión especial, Chateau Picard 2267”.

    Así es como Jean-Luc Picard, Capitán del Enterprise en la mundialmente famosa saga de Star Trek, le propone a Data, el androide, brindar con él en una de las escenas eliminadas del episodio Némesis. Pero no es la única en la que este vino, perteneciente a la bodega familiar del Capitán, cuyo padre y hermano son vinicultores en Francia, aparece en la nave.

    Desconozco si Jean-Luc guarda el secreto de la eterna conservación del vino o, lo que sería aún más esperanzador, sigue habiendo grandes viñedos y excelentes producciones en el futuro muy, muy lejano. ¿Quién sabe? Puede que finalmente el clima no cambie tanto.

    El caso es que, además de ser una curiosidad apenas conocida por los más fervientes fans de la saga, los populares trekkies, las dos botellas de Chateau utilizadas como atrezzo también se convirtieron en objetos codiciados por los que se pagaron 6.600 dólares en una subasta de Christie’s, en Nueva York. Y lo más excéntrico de todo: estaban, evidentemente, vacías. Normal: un vino del año 2267 no puede ser más que imaginario.

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    Pero hagamos también nosotros un ejercicio de imaginación: supongamos por un momento, que en el futuro podemos disfrutar de un buen vino en el espacio. Que nuestros hijos o nuestros nietos tendrán la suerte de descorchar un Gran Reserva mientras contemplan la puesta de sol desde el mirador de un hotel en alguna de las lunas de Júpiter, por ejemplo. ¿Es una suposición realista? ¿Cómo se comportaría el vino durante un largo viaje en gravedad cero? ¿Cómo reposaría sobre un planeta o una luna con diferente gravedad? Pues ni idea, la verdad. No sé si en la NASA se lo habrán siquiera planteado en alguna ocasión. Viendo el dinero que cuesta hacer que un sólo gramo de material abandone nuestro planeta rumbo al espacio, entra dentro de lo normal que ni se les haya ocurrido. De acuerdo, entonces, eliminemos el viaje: ¿sería posible mantener viñedos en otro planeta? ¿Recrear artificialmente las condiciones óptimas de cultivo? También lo dudo. Al menos de una forma rentable, claro. Si aquí, en La Tierra, el clima cambiante es un problema de difícil solución, en otro mundo ya debe ser poco menos que imposible, además de inimaginablemente costoso.

    El caso es que la Humanidad hace muy poco que se ha aventurado en el espacio y todavía tenemos muchas fronteras que cruzar y muchos retos que superar. Quizás, algún día, disfrutar de un buen vino a miles de millones de kilómetros de casa se haga realidad. Quizás podamos celebrar cada nuevo paso en nuestra conquista descorchando nuestras mejores botellas. Como el afortunado Capitán Picard.

  • No conviertas tu gin-tonic en un ramo de flores.

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    Para potenciar el sabor de un gin-tonic, no hace falta convertirlo en un huerto o en algo más parecido a un vergel que a un cóctel centenario. Ni mucho menos. Todo hay que combinarlo en su justa medida para lograr un armonioso equilibrio y una deliciosa y refrescante bebida. Para ello, encontraremos una buena pista en los ingredientes de la ginebra que hayamos elegido y bastará con añadir algunos de los botánicos que formen parte de su receta para potenciar su sabor, como el pepino en el caso de la Hendrik’s, las frambuesas con la Brockmans o las uvas con la G’Vine. Pero ya. Hasta ahí. Tu gin-tonic no es una olla a la que puedas echar de todo.

    ¿Y a dónde vas con ese limón? El gin-tonic no lleva jugo de limón. O no debe, vamos. Añadir el zumo de este cítrico a la tónica rompe las burbujas y mata la efervescencia de nuestro cóctel. Para aromatizar la copa, lo más recomendable es utilizar los aceites esenciales que se encuentran en su cáscara, pellizcándola con unas pinzas en su capa más amarilla para abrir los poros y restregándola después por el borde de la copa.

    Y acabadas las prohibiciones, vayamos con los consejos:

    Busca la tónica adecuada. Es el 50% de tu cóctel y debes elegirla bien para que éste tenga el sabor esperado y combine a la perfección con tu ginebra favorita. Las hay más o menos carbonatadas, más o menos  aromáticas…

    Refresca antes el vaso o la copa con unos cubitos de hielo. Cuando haya cogido temperatura, escurre el agua sobrante antes de prepararlo.

    Utiliza siempre un vaso o una copa anchos. De nada sirve potenciar los aromas de un gin-tonic, si no puedes meter en él la nariz.

    Combina los ingredientes básicos en su justa proporción: 5 cl. de ginebra por 20 cl. de tónica.

    No viertas la tónica desde mucha altura, eso hará que pierda carbónico. La mejor forma de evitar que pierda el gas es dejarla resbalar por una cucharilla rizada o, en su defecto, verterla lentamente desde una corta distancia al vaso.

    Remover, no agitar. Darle unas vueltas con delicadeza es la mejor forma de mezclar bien los ingredientes y conservar el gas. Si no dispones de una cucharilla batidora, una de café es una buena sustituta.

    Y eso es todo. Ahora que se acerca el verano y el gin-tonic se consolida como el rey de la sobremesa y las noches calurosas, esperamos que estos consejos te ayuden a disfrutarlo como nunca. ¡Salud!

  • Miguel Torres: "Nosotros nos dedicamos a hacer vino y a difundir esta maravillosa cultura por todo el mundo"

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    Miguel es el actual Presidente y Consejero Delegado de Bodegas Torres. La cuarta generación de un negocio familiar reconocido y admirado en todo el mundo y que, día a día, lleva la cultura del vino cada vez más lejos.

    -Bodegas Torres es la marca vinícola más admirada del mundo, según la revista británica Drinks International, ¿qué significa para su bodega esta distinción?

    -Es un excelente reconocimiento al esfuerzo de todo el equipo, desde los que trabajan en las viñas hasta nuestro equipo comercial, pero hay que seguir trabajando e intentar mejorar cada día para continuar sorprendiendo a los consumidores.

    -A pesar de su larga tradición, Bodegas Torres también está constantemente innovando. Para mantenerse en la cresta de la ola, ¿cree usted que es necesario lanzar al mercado productos nuevos y/o embarcarse en nuevos proyectos en otras zonas? ¿Cuántas marcas tiene actualmente su bodega?

    -Nuestro objetivo es convertirnos en los especialistas del vino español, con presencia en las principales regiones vinícolas españolas, pero manteniendo nuestra tradición centenaria como empresa familiar, autofinanciada e independiente. Eso quiere decir que tenemos que hacer las cosas paso a paso, hay que consolidar los proyectos antes de embarcarse en uno nuevo. Acabamos de adquirir una bodega en Rueda, donde ya elaboramos nuestro Verdeo. También lanzamos el año pasado nuestro albariño Pazo das Bruxas bajo la DO Rías Baixas y también la gama de vinos ecológicos del Penedès Habitat. La marca Torres es una declaración de calidad: no sacamos vinos en base a tendencias a corto plazo sino que nuestro interés es mantener una relación con nuestros consumidores a largo plazo. En estos momentos, tenemos más de 50 marcas en el mercado.

    -Natureo es un vino casi sin alcohol (sólo con 0,5 grados), ¿por qué han apostado por este sector y que aceptación está teniendo este producto en nuestro país?

    -Natureo nace para dar respuesta a aquellas personas, por el motivo que sea, no pueden o no quieren consumir alcohol, pero que no quieren renunciar al placer de tomar una copa de vino o al aspecto más social del vino. Este vino desalcoholizado está teniendo buena aceptación, sobre todo en los países nórdicos. En España, el aval del Dr. Dexeus nos ha ayudado mucho para dar a conocer el producto, especialmente entre las mujeres embarazadas o personas que no pueden tomar alcohol. Somos conscientes de que es un mercado aún pequeño, pero hay mucho camino que recorrer. Y creemos que Natureo tiene el potencial para liderarlo.

    -Usted ha estado siempre muy interesado en una viticultura respetuosa con el medio ambiente, ¿Cree que está afectando el cambio climático a las vides?

    -Las vides son plantas extremadamente sensibles a los cambios de temperatura. Hemos sido testigos del aumento de 1 grado centígrado de la temperatura media del Penedès en los últimos 40 años, lo que ha provocado que la vendimia sea ahora, aproximadamente y según los años, diez días antes que hace dos décadas. Este aumento de temperatura afecta directamente al proceso de maduración de la uva. Por eso nos tenemos que adaptar: estamos cambiando la manera de cultivar nuestros viñedos con el fin de retrasar la maduración de la uva. Pero si se cumplen las predicciones de los expertos, que dicen que la temperatura subirá 4-5 grados hasta 2100, las consecuencias serán desastrosas para la viticultura tal como la entendemos hoy.

    -Bodegas Torres exporta sus productos a más de 150 países, ¿hay algún lugar que se les resiste?

    -Siempre queda algún mercado, pero ahora ya son más pequeños que grandes. Los inicios en muchos lugares son complicados, pero hay que ser perseverantes y no tirar la toalla si vemos que no hay beneficios inmediatos. El mundo del vino no es cortoplacista. En China, por ejemplo, llegamos en 1997 y durante años estuvimos perdiendo dinero, pero decidimos aguantar y ahora somos la tercera empresa importadora de vinos más importante de China. En Brasil y en la India nos está sucediendo algo parecido: tenemos pérdidas importantes en estos momentos, pero confiamos que en los próximos años llegaremos al break-even.

    -¿Cree usted que se han resentido en estos últimos años por temas ajenos al consumo sus ventas en Madrid?

    -Nosotros nos dedicamos a hacer vino y a difundir esta maravillosa cultura por todo el mundo. Trabajamos y nos esforzamos cada día para estar a la altura de las expectativas de aquéllos que confían en nosotros cuando eligen un vino. Afortunadamente la gente sabe valorar un buen vino y basa su decisión en las garantías de calidad y confianza que le da el productor. En Madrid, nuestras ventas continúan creciendo a buen ritmo, quizás también porque apoyamos las iniciativas locales de importancia, como por ejemplo las candidaturas de Madrid a los Juegos Olímpicos.

    -El Centro de Visitas Torres recibe cada año a más de 120.000 personas, ¿qué aporta el enoturismo a su Bodega?

    -Es la mejor manera de acercar la cultura del vino a aquellas personas que nos visitan y enamorarlos con el producto. Les contamos cómo elaboramos los vinos siguiendo la tradición familiar, recorren las viñas y visitan las instalaciones. Incluso les proponemos viajar en el tiempo y acabamos siempre con una cata. Es una experiencia que suele gustar mucho y con la que buscamos contagiar a los visitantes de nuestra pasión y amor por la tierra y la viña. De hecho, ha sido merecedora en dos ocasiones del premio turístico que concede la famosa revista Drinks International como la experiencia más innovadora en enoturismo.

    -Como empresa familiar que es, ¿cuál es el consejo empresarial que heredó de sus padres y que ha transmitido a sus hijos?

    -Como decía mi padre, las claves del éxito de cualquier empresa vitivinícola pasan por hacer buen vino, hablar inglés y coger el avión. Un consejo que mi generación y la de mis hijos, seguimos a rajatabla. Hemos optado por focalizarnos en productos más premium, anteponiendo la calidad a la cantidad. En lo que se refiere a los idiomas, todos hablamos perfectamente inglés y también otros idiomas. Y en cuanto a viajar, lo hacemos de manera frecuente todos los miembros de la familia, visitando los mercados donde ya estamos implantados y los que pueden llegar a ser importantes en el futuro. A lo largo de mi trayectoria profesional, he visitado más de 50 países y sigo viajando por todo el mundo dos meses cada año.

    -Los jóvenes españoles consumen muy poco vino, cada vez menos, a pesar de que España es un país de gran tradición vinícola y uno de los mayores productores, ¿qué está pasando? ¿Cómo se puede cambiar esa tendencia?

    -Antes la gente solía tomarse una copa de vino durante las comidas, pero ahora el estilo de vida es distinto y los hábitos de consumo han cambiado; ahora se bebe menos vino, pero de mejor calidad. Además competimos también con otras bebidas como las cervezas y los refrescos. En cambio, en otros países como Estados Unidos, el Reino Unido o los países nórdicos, la tendencia es la contraria: son países en los que  tradicionalmente se bebía cerveza y ahora está incrementando el consumo de vino de manera importante.

    Para mí, es muy importante transmitir a las nuevas generaciones que el vino no es ni sofisticado ni pretencioso, sino una bebida indisoluble de la cultura mediterránea. Disfrutar del vino, siempre con moderación, forma parte de la esencia de nuestra historia colectiva y tiene además beneficios para la salud, ya que disminuye los riesgos cardiovasculares y protege contra el Alzheimer por ejemplo.

    -¿Qué vino le ha impresionado más en su vida y que vino tiene aún pendiente de probar?

    -Un Mouton Rotschild de 1895: simplemente impresionante. Y el vino que todavía tengo pendiente de probar es el Cava super primium que mi hija Mireia está elaborando y  que saldrá al mercado en 2016/2017. También un vino de nuestros viñedos experimentales en el Prepirineo, a 950 metros de altitud, que empezaremos a comercializar muy probablemente en 2 o 3 años.

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