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Septiembre 2006
Los vinos espumosos son aquellos que contienen como consecuencia de su especial elaboración, anhídrido carbónico de origen endógeno (no añadido), y que al ser descorchada la botella y al ser servido el vino, forma espuma de sensible persistencia, seguida de un desprendimiento continuo de burbujas, que es el anhídrido carbónico procedente de una segunda fermentación, que se realiza en envases herméticamente cerrados. Entre ellos se encuentran los Cavas, Champagne, etc.
Este tipo de vinos son frescos, se consumen fríos y por lo tanto, en esta época en que todavía no hace frío y hemos pasado las altas temperaturas de julio y agosto, radica su momento ideal.
Además son vinos de fiesta, y son muy numerosos los pueblos que están en conmemoraciones, eventos, etc. A la vez que es uno de los meses típicos de bodas y celebraciones familiares.
Es el momento de celebrar el final del verano y la recogida de las cosechas, el reencuentro con la gente de todo el año y el olvido de las vacaciones, es un momento de euforia y disfrute.
Pero estos vinos son algo más, no son solo para brindar por un acontecimiento. Son unos vinos serios y maravillosos que hay que disfrutar con tranquilidad.
La frescura que poseen en parte viene dada por las burbujas, que aumentan la acidez. Cuando están bien integradas en el vino, nos proporcionan una intensa cremosidad en la boca, que se hace muy voluptuosa.
El juego de las burbujas con la lengua es una sensación táctil muy interesante, que se combina muy bien con los gustos de este tipo de vinos: la acidez, el amargor (suave y agradable), en muchos de ellos un toque dulce... Son vinos donde el equilibrio Acido-Dulce-Amargo es uno de sus principales factores de calidad.
Estos son vinos con poco cuerpo, no se hacen pesados, pasan muy bien por la boca, a veces hasta de forma peligrosa.
Se dejan beber con suavidad, en parte por ser muy refrescantes y en parte, por las sensaciones táctiles.
También su postgusto es de ese tipo de vinos que son de baja intensidad pero largos, y es de los que piden beber más, pero siempre con moderación.
Entre ellos tenemos un gran número en España que son muy diferentes. En gran medida éstas diferencias radican en las variedades de uva utilizadas; y en la crianza con las lías, que es de donde obtienen el anhídrido carbónico y gran parte del cuerpo de sus aromas básicos.
Uno de los factores más importantes es el llamado “Licor de Expedición”, que es un vino (la gran mayoría de las veces azucarado), que se añade al final y le aporta la personalidad a cada marca. Se dice que es uno de los grandes secretos del cava.
Según la cantidad de azúcar que poseen al final se clasifican en:
Brut Nature: No lleva nada de azúcar añadido y los azucares residuales deben ser inferiores a 3 g/l.
Extra Brut: con menos de 6 gr./l. de azúcar.
Brut: de 0 a 15 gr./l. de azúcar.
Extra Seco: de 12 a 20 gr./l. de azúcar
Seco: de 17 a 35 gr./l. de azúcar.
Semi Seco: de 33 a 50 gr./l. de azúcar.
Dulce: con más de 50 gr./l. de azúcar.
Esta es la gran diferencia que aprecia el consumidor, el equilibrio Acido-Dulce-Amargo, que se consigue al añadir el Licor de Expedición y que clasifica a los vinos de ésta forma.
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